La chimenea

La calidad ambiental de una vivienda ha mejorado notablemente desde que la calefacción es un miembro más. Nuestras casas son ahora pequeños paraísos tropicales rodeadas del mundanal y frío asfalto urbano.

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Pero aunque termostáticamente hablando, la mejora sea indiscutible, la armonía estética ha acusado recibo, y ha obligado a decoradores y diseñadores a estrujarse las entrañas para ofrecernos calderas, radiadores y toalleros con diseños realmente sorprendentes.

Por tanto, si, objetivo cumplido, el diseño se ha hecho dueño de aparatos de calefacción hasta el punto de haberlos convertido en piezas que casi podríamos considerar como “caprichos de coleccionista”.

Las calderas no lo parecen, los radiadores son verdaderas esculturas decorativas, capaces de introducirse de incógnito en cualquier estancia. Se trata de aparatos emanadores de calor, que en época de altas temperaturas se convierten en elementos decorativos por méritos propios.

Pero hoy quiero hacer un guiño  al calor tradicional. Un “in memoriam” a la chimenea cuando ésta solo era una fuente de calor, y no un elemento estético, que es a lo que hoy ha quedado relegada.

A su alrededor han tenido lugar las tertulias más trascendentes y sus entrañas son hoy dueñas de la sabiduría generacional. Testigo impasible a cada secreto relevado en su presencia. A su lado hemos podido disfrutar del placer de la lectura completamente absortos a cuanto acontecía a nuestro alrededor. Por no hablar del romanticismo que imprime a cualquier cita, su compañía.

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El hogareño olor a leña que embriaga el ambiente de una casa con chimenea pasa por encima de cualquier otro perfume, y el sonido del chisporroteo de la leña quemándose es el mejor y más relajante somnífero.

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Por supuesto que tiene contraindicaciones, como el trabajo que conlleva su limpieza, o el hecho de que calienta la estancia en la que se encuentra situada pero no el resto de la casa. Por ésta razón el uso de la chimenea ha quedado relegado hoy en día a “la casa del pueblo”, ésas a las que vamos a pasar los fines de semana, y encendemos el fuego aunque el exterior roce los 20ºC , por el simple hecho de disfrutar de su incomparable belleza.

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Vaya desde aquí, mi más sincero homenaje a quien nos calentó el asiento cuando el gas ciudad era…era, ¿Qué era?

Fotografías:Jøtul

Por Olaia Pellón

Más artículos de: Ideas y tendencias

Publicado el: 23-01-2009 | Autor: Olaia Pellón

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